“No cabe civilización alguna sin estabilidad social. Y no
hay estabilidad social sin estabilidad individual.” Aldous Huxley
Vivimos en un mundo rodeados de grandes avances tecnológicos y gran dependencia al consumo de
bienes o servicios; lo cual ha llevado a gran parte de la humanidad a perder
valores tales como la individualidad, el respeto, la tolerancia y el amor al prójimo,
enfocando sus esfuerzos en obtener el mayor beneficio material, perdiendo de
vista el verdadero sentido de la vida y transgrediendo a la concepción del amor
y de la felicidad.
Analizando el modo de vida
actual, es innegable el gran parecido existente con varias de las
características planteadas por Aldous Huxley en su obra Un Mundo Feliz, en lo
que el describía como el mundo futurista del año 2050.
Encontramos en la
narrativa de este título un recorrido por un nuevo Orden Mundial; una sociedad
completamente modificada y manipulada bajo la justificación de una vida estable
y feliz.
Un mundo feliz, comenzando
con un título irónico, ya que al adentrarnos en la historia vamos descubriendo
que la utopía planteada, en realidad no conduce a un mundo verdaderamente feliz
si no a un mundo conformista, tal vez estable políticamente, pero carente de
emociones; nos lleva a encontrarnos con una realidad alterna, que para la época
en la que se escribió, se veía aún muy lejana; lo que hoy vemos es un adelanto
de cuarenta años en relación con la fantasía del autor.
Los temas tratados en “Un
mundo feliz” reflejan varias de las problemáticas sociales, que a lo largo de
la historia han sido motivo de polémica y conflicto; un ejemplo claro es la
apertura sexual que se ve plasmada en las costumbres del Estado Mundial, la
nueva forma de organización planteada por el autor.
La clasificación de personas en un sistema científico de castas de acuerdo
a las características específicas implantadas en ellas desde el momento de su
creación; que sin embargo, en el planteamiento de la obra es aceptado
sin oposición o descontento ya que para el manejo del Estado Mundial, todos los
hombres son iguales y cuentan con las libertades propias de su casta; este
hecho aunado al control mental inculcado desde pequeños hacen que la sociedad
perteneciente a este orden mantengan una actitud siempre positiva pero al mismo
tiempo conformista desde el punto de vista externo.
Si hacemos una comparación con el mundo de ahora, en gran medida, los seres
humanos nos hemos convertido en algo parecido a las castas del Estado Mundial;
tal parece que los sentimientos se han extinguido y el uso de personas como
objetos es más común de lo que quisiéramos; la pérdida de valores nos hace
reflexionar acerca de la dirección que está tomando el mundo y es que “A medida que la libertad política y económica
disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el
dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales
colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta
libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la
influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual
ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino”.
Nada tan alejado de nuestra realidad; el exceso de libertades y el mal
manejo de las mismas ha llevado a una crisis existencial global en la que los
seres humanos en lugar de resistirnos y actuar activamente ante la degeneración
de nuestra raza, permanecemos estáticos y serviciales ante los grupos de poder
que controlan al mundo.
Puedes encontrar el libro:
Huxley,
Aldous. Un mundo feliz. Traducción Ramón Hernández. Colección Diamante.
Barcelona: Editorial Edhasa. 2007.
https://books.google.com.mx/books/about/Un_Mundo_Feliz.html?id=5xI9rgEACAAJ&source=kp_cover&hl=es
No hay comentarios:
Publicar un comentario